Así como el servicio de correo electrónico desplazó una gran porción del mercado de los servicios postales, estos últimos pudieron adaptarse al cambio de contexto y así proveer alternativas y nuevos servicios que los permitió seguir en pie.
De igual manera las "artes" ocultas del horóscopo ahora se han visto amenzadas por los científicos (y por una gran cantidad de no científicos) que las consideran no más que un juego de cartas para contar historias, cuyo final es bien sabido por todo aquel que quiere escucharlo. Yo por mi parte lo considero un arte retórico de charlatanería pura. Cuenta una historia que tiene una altísima probabilidad de ocurrencia, y por esto depronto su carácter tan preciso. Pero no busco criticar al horóscopo (lo dejo para otro post), solamente buscarle un nuevo espacio en esta nueva coyuntura mundial de crítica.
El mejor espacio que puede tener el horóscopo es el de clasificar a las personas no por sus características físicas, sino por su comportamiento. Es un buen mecanismo taxonómico, pero con un sentido de identidad para las personas. Es como establecer una bandera para un equipo de fútbol, los seguidores se sienten identificados con este símbolo. De la misma manera, los signos del horóscopo proveen un sentido de identidad hacia sus características personales. El único cambio que haría sería que el signo zodiacal no fuera impuesto de acuerdo a la fecha de nacimiento, sino que fuera de libre elección, así como uno elige los grupos musicales que escucha, y los deportes que le gustan.
Aunque el horóscopo es sin duda alguna una curiosidad, la mayoría de sus aciertos no son más que coincidencias. Puro blah, blah, blah.
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